En mis tiempos

Pienso que el tiempo ya no alcanza para nada.
Antes, me contaba mi abuela, con cinco centavos de tiempo podías comprarte una hora de pan y comértelo sentado en la banqueta de tu casa, mientras los demás salían a jugar con el tiempo que les habían dado de domingo.

Lagartijas en la ventana

Ayer vi a una lagartija en mi ventana que se posó sobre el cristal, por dentro de la casa. Estática, volteó a todos lados hasta que nos vimos de reojo. Una. Dos. Tres veces. Ella, inmóvil; yo, también. En silencio.

De pronto, sentí ganas de mirarla fijamente, sentí ganas de acercarme, pero me quedé sentado a la orilla de la cama. Parpadeamos un par de veces. Cada uno en su lugar, con la mirada de uno en el otro. En silencio.

Su cuerpo, pegado a la ventana, se mantenía firme. Sus ojos, a cada segundo, se hacían más grandes. Mantuve la respiración. Estaba dispuesto a pararme. Estaba dispuesto a acercarme, a entrar a esa mirada. Parpadeé una vez. Sus ojos grandes. Dos veces. Sus ojos grandes. Tres veces. El silencio.

Y aquí estoy, pegado a la ventana, viendo pasar la vida, en espera de que una mirada se pose fijamente sobre mis ojos en silencio.

La imagen la encontré aquí.

Spider

En cada fragmento del espejo roto vio todas sus personalidades. Tomó una cuerda y la pasó por su cuello.
Esperó toda la noche, todo el día, parado sobre la cornisa de la ventana. Toda la noche, todo el día.
Marta regresó. Abrió la puerta y lo vio ahí, inmóvil, en la cornisa. Corrió a evitar que se lanzara de la ventana o que se hiciera daño. Él la abrazó. Ella lloraba. Él prometió no lastimarla más. Ella lloraba. Él la besó. Ella lloraba. Hicieron el amor. Él la envolvió con las sábanas y la guardó para devorarla en invierno.

Nadie sabe para quién trabaja

Un hámster secuestró al sol, pedía una bolsa de semillas de girasol como rescate. Los vampiros se negaron a pagar.

El corazón delator en nueve palíndromos

1. Yo haré loco: raro, loco no,
colorar, 
o cólera hoy.

2. Oí cosa,
no loco, no.
Colon asocio.

3. Anula la mirada. No. No enojo.
Ocurre ver ruco ojo neón.
O nada rima la luna.

4. Luz a ese ojo,
ese azul.

5. ¿Ya?
¡No, jolines!
La rata me ve matar al senil ojón.
¡Ay!

6. ¿Se irá? Jalar la raja, al bat aloja bajo la tabla, ajar al rala. Ja. Ríes.

7. ¿Latió? ¿Oí mal?
Oír ese latir.
         ¡Grítale! -se rió, lamió­­­-
Oí tal:

8. Yo, delator,
adivino:
ni vida rota le doy.

9. Yo,
ve mayor,
al corazón ya revelé.
O Poe leo, Poe le verá -y no zar-
o claro, ya me voy.

El corazón delator de Edgar Allan Poe.

Juego con tu pelo

Veo tu pelo, rebelde, y viajo por ondas, por flecos, por carreteras, que cruzan los cuatro elementos, mientras tú terminas tu trabajo sobre un libro de filosofía y te digo que si puedo escribir sobre tu pelo, tú me dices que sería más fácil escribir sobre una hoja de papel.

Juego con tu pelo

Aire

Juego con tu pelo, meto mis dedos en una maraña de aire.

Tu pelo, electrizante, truenos y estruendos que guardan ideas.

Sueños sin forma definida conforman tu figura alboratada por mis dedos de viento.

Aire que huele a un mañana por la mañana.

Agua

Juego con tu pelo, seco, mojado por las lágrimas de ayer.

Ríos de pelo que escurren por tu rostro.

Recurro a tu rastro, por las líneas que tu húmedad me dibuja.

Aguas de un sueño, tu lluvia hecha pelo.

Tierra

Juego con tu pelo, color canela, calor de arena.

Huellas de la playa, de un espacio que despacio encontró su tiempo en otro lugar.

Miles de sueños plantados en tu cabeza, rarezas enraizadas.

Terrenos fértiles, cabellos en crecimiento.

Fuego

Juego con tu pelo, fuego de melena, León de Helena.

Pintado por el sol, enmarañado de calor.

Sueños de un amanecer de abrazos abrasados.

Sueños atados a un anhelo, Helena, tú y tu pelo al atardecer.

Cuentos de un hada I

Aún desnudo en la cama encendió un cigarro pese a que sentía un ligero dolor en la boca y le dijo:

-Eres una puta adicta al calcio, ¿lo sabes?

-Soy tu puta, amor -respondió ella y le dio un beso en los labios. Él trató de ocultar el dolor. “Debo irme a trabajar, papi, ¿dónde está?”

-Debajo de la almohada como siempre.

-Toma tu moneda y ve al dentista. Te amo.

-Yo también.

Cuando ella se fue, él contó las muelas que aún le quedaban, miró su nueva moneda y dijo:

-Carajo, esto no va a funcionar.

Imágenes

Hablar con el espejo estaba volviéndome loco, así que lo rompí y dentro estaba ella repitiendo: estás gordo, mira qué panza, rasúrate…

Juegos sexuales

Hoy vamos a disfrazarnos, yo seré de esos conquistadores de bar y tú serás real.

Amigos

Escupió el pincel y dijo: “los amigos se cuentan con los dedos de la mano”, repetía eso siempre que le preguntaban por qué estaba tan solo.

Temblando

Él gritó por última vez poco antes de las 7:19 am de aquel 19 de septiembre de 1985. Ella aún mordisqueaba el labio inferior de su amante cuando comenzó el temblor. El edificio crujió y todo se detuvo. Las puertas dejaron de azotarse. Afuera, las alarmas callaron su constante aullido. Los dos se miraron a los ojos. Silencio. Oscuridad. Y nada más.

Cuando ella abrió los ojos vio que una enorme columna había caído sobre el cuerpo aún desnudo de su amante. Ella se liberó de algunos escombros más ligeros y se acercó a él. Lo escuchó respirar con dificultad. “Joder, tía, ayúdame”, alcanzó a balbucear. Ella tomó un cuchillo que estaba cerca de la cama. Él cerró los ojos. Ella sonreía. Él temblaba. Ella lamió la sangre que escurría de sus labios. Él dejó de temblar. Silencio. Oscuridad. Y nada más.

“Aquí hay una mujer y está viva”, gritaba un miembro de los Topos, después de días de buscar sobrevivientes entre los escombros. El paramédico que revisaba sus signos vitales comenzó a temblar. “Es que… no puede ser” se repetía a sí mismo mientras volvía a tomar su estetoscopio para buscar un latido entre el pecho aún desnudo de la joven. “No tiene corazón”, dijo. Ella sólo sonrió. En el fondo de las ruinas de aquel departamento, entre el silencio y la oscuridad, yacía el cuerpo del joven amante, desangrado, con un cuchillo en lugar de su corazón. Y nada más.

Sola

“Puto mimo”, dijo ella, encerrada en una caja transparente de soledad.

De piedras preciosas

Me quité los zapatos. Subí los pantalones hasta las rodillas. Me metí al río.

Cuando has pasado tanto tiempo sin mojarte el agua parece más fría.

Ella era azul y brillaba más que el resto de las piedras a su alrededor.

La tomé con mis manos y la acerqué a mi oído.

Me contó historias fantásticas sobre la luna y el cielo.

Sobre el sol y los planetas.

Sobre mágicos seres espaciales.

Fue entonces que comprendí que era una estrella que había caído.

Salí del río. Me puse los zapatos.

Y empezamos el camino rumbo a su constelación.

Naufragio

Comenzó inundando su cuarto, luego su casa, pero sus amigos seguían buscándola, secaban sus cosas, le llevaban comida y arreglaban las tuberías sin darse cuenta que ella quería estar sola. Una noche comenzó a llorar y no se detuvo hasta verse completamente rodeada por agua.

Pedro Páramo

Despertó esa misma noche, estremecida en la oscuridad.

–¡Híjole! Estaban muertos, y no lo sabían.

Arturo Pérez Reverte en La Reina del Sur (Adaptación por mí xD)

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